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Lágrimas en la lluvia

Yo soy,
entre otras cosas (y tal vez más que ninguna otra cosa) un
cinéfago insomne y un letraherido impenitente. Borges
concebía el paraíso bajo la especie de una biblioteca; y yo
me atrevería a añadir que en ese paraíso soñado no debería
faltar tampoco una sala oscura donde se proyecten sin
descanso películas. Los libros y las películas han amueblado
mi vida, haciéndola más habitable; y, desde luego, han sido
mi cobijo, cuando el fío invierno, y también el frío
infierno, me arañaban con su angustia. No hay desdicha, por
inclemente que sea, que no se haga más llevadera si a mano
tenemos a estos compañeros del alma; y no hay exultación que
no se haga más vívida y perdurable en su compañía. Si por mí
fuera, no haría otra cosa que escribir sobre libros y sobre
películas, porque en ellos está la cifra del mundo.
En estas
Lágrimas en la lluvia que tienes entre las manos, curioso
lector, se congrega un puñado de testimonios de mi pasión
indesmayable por los libros y las películas, que comenzó siendo
pasión deslumbrada en la infancia, se hizo pasión devoradora y
un poco enfermiza allá en la turbulenta adolescencia y hoy es
pasión gustosa y aquietada en las neveras de la madurez.
Juan Manuel de Prada |