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Sabía que no
llegarías con las manos llenas, pero confieso que ni sospechaba
que dejarías mi cama vacía. Y aún con la certeza de que ya no
volverías, te esperé cada minuto. En esta casa, que huele tanto
a soledad. Intentando rescatar a la mujer que era antes; tan
tarde ya, cuando todo lo ocupa la lejanía. Cuando ya no soy
mujer, sino madre. Cuando las lágrimas ya no desordenan los
cajones del alma. Cuando ya suelo desplazar los recuerdos con la
indolencia. Cuando ya espero tan poco de las promesas.
Pero ya no
languidezco en esta guerra tan mía y tan ajena, no tengo tiempo.
Sólo los minutos infinitos de esperarte, apestando a soledad y a
recuerdos, tan lejana de la vida que era mía.
(Duquesa
de Rocamor) |